La culpa Pasó de largo. Se sentía impura. No habría perdón. La culpa era su carga. Debía vivir con ella. No lo merecía. Caería el rayo sobre su espalda. Se ocultaba. Ese pecado no se lavaba. La muerte redimiría lo que su culpa le reclamaba. Se alejaba. La apedreaba un pueblo imaginario que la miraba.
Ahora es mi turno Ahora es mi turno. El turno de días grises. Grises en el alma. El alma herida con calma. Calma añadida. Añadida y temida. Era joven No para siempre. Las penas lloradas. Agua que lava. Los males. Las injusticias. El agua moja. El agua lava. El agua ahoga. El agua salva. El cuerpo sufre. Enviste el duende. Duende de tiniebla. Tiniebla que temes. Será mañana. Mañana o más espera. Mal agüero. Agüero que tiene semánticas varias desde la cuna aragocastellana. Mal presagio o tiempo malo. Hace frío. Es el invierno extremo. Como el verano. Clima extremado. Volvieron las nieves allí donde yo pací. Aquella infancia vivida y olvidada que a veces me mira con una sonrisa. No estaba mal. De otra cosa no sabía. Normalizaba lo que vivía. Discriminada por ser la niña. Exigida. Medida. Analizada. La piel oscura morena era un descuento. “Negraza, como la pícaraza.” La abuela rubia así decía. Hubiera querido pasar desapercibida. Que nadie viera mis pechos que me crecían. Con doce año...