Ahora es mi turno
Ahora es mi turno.
El turno de días grises.
Grises en el alma.
El alma herida con calma.
Calma añadida.
Añadida y temida.
Era joven
No para siempre.
Las penas lloradas.
Agua que lava.
Los males.
Las injusticias.
El agua moja.
El agua lava.
El agua ahoga.
El agua salva.
El cuerpo sufre.
Enviste el duende.
Duende de tiniebla.
Tiniebla que temes.
Será mañana.
Mañana o más espera.
Mal agüero.
Agüero que tiene semánticas varias desde la cuna aragocastellana.
Mal presagio o tiempo malo.
Hace frío.
Es el invierno extremo.
Como el verano.
Clima extremado.
Volvieron las nieves allí donde yo pací.
Aquella infancia vivida y olvidada que a veces me mira con una sonrisa.
No estaba mal.
De otra cosa no sabía.
Normalizaba lo que vivía.
Discriminada por ser la niña.
Exigida.
Medida.
Analizada.
La piel oscura morena era un descuento.
“Negraza, como la pícaraza.”
La abuela rubia así decía.
Hubiera querido pasar desapercibida.
Que nadie viera mis pechos que me crecían.
Con doce años el cuerpo de niña se despedía.
Miradas lascivas.
Palabras sin respeto, provocativas, aborrecidas.
Pasaba lejos, si así podía.
Un padre, que ahora pienso, me protegía.
Con su fiereza.
Se sabía que con él el juego no les valdría.
Por otra parte, aquello cerró muchas de mis expectativas.
Más control sobre mis movimientos y mi vida más íntima.
Sus miedos eran la verja que me contenía.
Mamá era firme.
Me preparaba como bien sabía.
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