Ir al contenido principal

Zapatos

 Los zapatos


Miraba escaparates y visionaba el posible en el cambio de estación. Entrar a esa zapatería, decidida a probar y llevarme el que en mi pie me resultara. Olores únicos. De piel y tinte.

No había abundancia. Era un par de zapatos por temporada. Crecíamos. Los de la temporada pasada no servirían.

No recuerdo que me calzaran con un número mayor.

Hoy en día no llevo zapato, uso bambas. Por comodidad.

En mi adolescencia aspiré a llevarlos con tacón.

Hoy calzo de pie llano.

Mi cadera lo agradece.

He dejado de mirar con asiduidad esos escaparates. Voy cuando por su uso necesito renovar.

De niñas nos poníamos una piedra debajo del talón para simular los tacones de las mujeres de mi barrio.

Sus zapatos me llamaban la atención.

Casi siempre, los primeros días sufría rozaduras. Había que hacerse a ellos, o adaptarlos al propio pie.

Malo es calzar el zapato que modeló otro pie.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Precario

 La precariedad Hoy en día la calle se ve distinta. No se vive en ese estado de placidez que puedo recordar. En la primavera, en las calles de Barcelona empezamos a darnos cuenta de unas dinámicas de reparto de paquetes a personas que salían en todas direcciones con ellos. Nos fuimos fijando y llegamos a conclusiones. Eran jóvenes y se les veía estresados. Mujeres y hombres. Concluimos que muchos de ellos no habían encontrado trabajos adecuados. Aquello despertó mi interés y tuve una inspiración narrativa. Escribí tirando de la idea. Observé con otra mirada a esas personas que se desplazaban arrastrando su carga como podían, en patinete e incluso carretillas. También vimos lugares en parques y zonas recogidas, donde tenían tiendas y carros con la chatarra que recogían de contenedores, otro sector más precario todavía. Muchos sueños perdidos. Más personas ante las puertas de supermercado extendiendo su mano. Las colas del hambre. Esa es otra. Estamos en Vigo. Pasamos por un par de s...

Luces y tinieblas

 En el silencio aparente, aislando su mente de ruidos ajenos, envuelta entre capas y mantas, caliente en día de frío, asistida por la luz en la lámpara encendida, una tarde que es noche, escribe sus letras, haciendo palabras que cuadren en frase. Es jueves. La semana pronto termina y avista el último mes. Las calles adornadas de esas luces, distintas de años de menos.  Compiten ciudades, lugares que brillan, atraen turistas. La fiesta ahuyenta las malas vibras. En nuestro origen, días fríos y cortos debieron ser duros. Sobrevivieron los genes que nos trajeron a este presente. La ley del más fuerte. Del que resiste. Del superviviente.