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Luces y tinieblas

 En el silencio aparente, aislando su mente de ruidos ajenos, envuelta entre capas y mantas, caliente en día de frío, asistida por la luz en la lámpara encendida, una tarde que es noche, escribe sus letras, haciendo palabras que cuadren en frase. Es jueves. La semana pronto termina y avista el último mes. Las calles adornadas de esas luces, distintas de años de menos.  Compiten ciudades, lugares que brillan, atraen turistas. La fiesta ahuyenta las malas vibras. En nuestro origen, días fríos y cortos debieron ser duros. Sobrevivieron los genes que nos trajeron a este presente. La ley del más fuerte. Del que resiste. Del superviviente.

Tiempo

 El tiempo  Emerge Dispersa Asoma Cumple su meta Espera  Se alarga Pasa de largo Traspasa Supura Resiste Está y no Se mira sin verse Se olvida Hay una mente que lo atiende o despista ¿Qué mundo posible sin su medida? El de las aves El del insecto  El del aire Allí no hay mañana ni antes Perderlo Algo que no se tiene, ¿puede perderse? Una pérdida de tiempo Inevitable avanza y no  El tránsito no le pertenece Respiro Vivo Pues eso At infinitum 

Precario

 La precariedad Hoy en día la calle se ve distinta. No se vive en ese estado de placidez que puedo recordar. En la primavera, en las calles de Barcelona empezamos a darnos cuenta de unas dinámicas de reparto de paquetes a personas que salían en todas direcciones con ellos. Nos fuimos fijando y llegamos a conclusiones. Eran jóvenes y se les veía estresados. Mujeres y hombres. Concluimos que muchos de ellos no habían encontrado trabajos adecuados. Aquello despertó mi interés y tuve una inspiración narrativa. Escribí tirando de la idea. Observé con otra mirada a esas personas que se desplazaban arrastrando su carga como podían, en patinete e incluso carretillas. También vimos lugares en parques y zonas recogidas, donde tenían tiendas y carros con la chatarra que recogían de contenedores, otro sector más precario todavía. Muchos sueños perdidos. Más personas ante las puertas de supermercado extendiendo su mano. Las colas del hambre. Esa es otra. Estamos en Vigo. Pasamos por un par de s...

Hoy

  Hoy pensé en nosotros de nuevo. De aquel desastre vital que nos separó y acercó a un tiempo. De lo jóvenes y viejos que fuimos en ese momento. Hoy te pensé muerto y vivo. Tengo pendiente esa carta sincera que no te he escrito. Hoy pensé y siento el abismo del tiempo interpuesto entre nosotros y yo, y tú si fue erróneo el dato de tu fallecimiento.

Sin pretexto de nuevo

  Nunca cerraré esa puerta. Me fui. Año nuevo, vida nueva.  Si no me hubiera ido y siguiera allí, habría caído en ese abismo a mis pies. Los límites eran externos. Debía salir. De ese amar equivocado. De ti. El tiempo pone a cada uno en su sitio. Dicen. Nos ponemos en sitio con el tiempo. Recolocamos nuestra mente reubicando hasta encajar. A veces manifiesto inquietud e incomodidad.  No encuentro mi lugar. Tampoco era ese. Ni otro. En el origen, igual no debí llegar. Mirar a ese no nacer casi me deja fría. No volvería a la vida. Me aterra que morir no sea dejar de existir en cualquier forma. Energías que comparto e intercambio, mientras esto dura, no las quiero más allá. El más acá me basta. Nunca acabará mi proyecto vital. Es un continuo renovado. Reinventarse tras los naufragios. Levantarse y quitarse de encima la sensación de fracaso. Qué más da lo que desde fuera se suponga. Nadie sabe. Nunca sabrán. Muchas de mis respuestas responden a un hábito que busca paz y tranq...